Leyendas de La Patagonia I

“Duración del Invierno”
del libro Joiuen Tsoneka (leyendas tehuelches) de Mario Echeverría Baleta

Elal invitó a los animales a una reunión para que determinen la duración del invierno. Tras diversas opiniones, quedaron discutiendo el Oóin (Ñandú) y la Mara. El primero sostenía que el invierno debía durar doce lunas y marchar de vez en cuando al Norte en busca de calor. Por otra parte la Mara proponía una duración de tres lunas solamente, con lo que no sería necesario emigrar, permaneciendo siempre en el Sur. – Nos vamos a morir de hambre y de frío, repetía la Mara, moviendo graciosamente su pomposa colita. – Insisto en doce lunas, respondió sin inmutarse, su contrincante. Contrariada la Mara, al ver la tozudez del ave, aplicando un golpe con su pata en la tierra, gritó enojada “kaash” y corrió a esconderse en la cueva, considerando terminada la controversia. El Ñandú indignado corrió tras ella, pero solo alcanzó a pisarle la cola que se le cortó al ras. La Mara quedó rabona y Elal, sabiamente le dio la razón. Desde entonces el invierno dura tres lunas.

Joiuen: Leyenda Tsoneka: nombre verdadero de los llamados : tehuelches, Aónikenk o Chonkes Elal : nombre propio del héroe de los Tsonekas Oóin: Ñandú Kaash: tres

Leyenda mitológica “El Amanecer”
del libro Joiuen Tsoneka de Mario Echeverría Baleta

El cielo del amanecer no tenía color, era simplemente blanco lechoso, pero una noche, ya cercano al amanecer el gigante Noshtex asesinó a la nube que tenía prisionera y arrojó su cuerpo ensangrentado al espacio para no ser descubierto. Sin embargo la sangre que manaba abundante salpicó al firmamento y chorreó largamente. Cuando comenzó a salir el sol, iluminó la trágica escena y asombrados los indios vieron enrojecerse más y más el cielo, por la tarde se repitió la escena y así día tras día hasta el infinito del tiempo. Los patagónicos suelen mirar extasiados los amaneceres y las puestas del sol recordando en el silencio de las inmensidades, el origen de los cielos más lindos de la tierra.

Tsonekas: nombre verdadero de los llamados: Tehuelches, Aónikenk o Chonkes Joiuen: leyenda Noshtex: Gigante perverso, Padre de Elal.

Leyenda mitológica “Elal y Teluj”
del libro Joiuen Tsoneka de Mario Echeverría Baleta

Elal se enamoró de Teluj, el lucero del amanecer, hija del sol y de la luna. Su madrina convertida en cisne lo alza sobre el lomo y emprende el vuelo el Este, sobre el mar. Al llegar la noche, ya cansados, Elal arroja una flecha sobre el agua formando un grupo de Islas. (¿Malvinas?) donde descansan para proseguir viaje rumbo al sol. Cuando llegaron, su madrina, que como ya sabemos, era bruja, convertida en mosca se ubica en la oreja de Elal para indicarle paso a paso lo que debía hacer. Nuestro héroe le pide al Astro Rey el permiso para casarse con su hija y este no contento con el pretendiente, le impone una serie de pruebas en las que tendría que poner de manifiesto: ingenio, inteligencia y valentía. En caso de salir airoso en todas, le otorgaría el permiso. La primera consistía en rescatar un anillo que estaba dentro de un huevo envenenado al fondo de una caverna custodiada por un guanaco que mataba con la mirada. Mientras la mosca distraía al animal posándose en sus ojos y orejas, Elal lo mata con un certero golpe de shome (boleadora de dos bolas), luego le quita la piel y cubierto con ella penetra en la caverna. Allí utiliza el arco y la flecha para romper el huevo que estalla desparramando veneno, pero Elal se despoja de la piel salpicada y recupera el anillo. Teluj, hecha mujer, lo aguardaba en un palacio al fondo de un frondoso jardín. Cuando Elal pretendió avanzar, a cada paso el suelo se convertía en pantano. Camina hacia atrás, le dijo la mosca, y no arranques flores, pués se convertirán en víboras. Así lo hizo hasta llegar a la puerta del palacio de donde asomaron dos mujeres; una joven hermosa luciendo “kai eorrenk” y la otra vieja, deforme y harapienta. En realidad la vieja no era otra que Teluj disfrazada por orden de su progenitor para despistar a Elal. Advertido por su madrina eligió la verdadera. -Has acertado nuevamente, dijo contrariado el sol, pero tendrás que superar todas las pruebas que te dé. Y le fue dando tantas para dilatar el tiempo, a la espera que el pretendiente desistiera de sus intenciones, que no le alcanzaría la vida para cumplirlas. -Escapa con ella, el padre no te dará jamás el consentimiento, le aconsejó la madrina. Y huyeron juntos para siempre. Pero Teluj, temerosa de la furia de su padre, cuando éste sale, se esconde.

Elal: nombre propio del héroe de los Tsonekas. Joiuen: Leyenda Tsonekas: nombre verdadero de los llamados : Tehuelches, Aónikenk o Chonkes. Kai: quillango – capa Eorrenk : color blanco shome : boleadora de dos bolas Teluj: lucero del amanecer

El Calafate
del libro Joiuen Tsoneka (leyendas tehuelches) de Mario Echeverría Baleta

Koonek, la anciana hechicera de la tribu estaba demasiado agotada para continuar caminando hacia el norte, el invierno estaba próximo y había que buscar lugares donde no faltara la caza. Como era habitual en estos casos, se le construyó un buen kau y se le dejó abundante comida , pero seguramente no le alcanzaría para todo el invierno. Para esa época no existían los caballos ni los calafates. Quedó totalmente sola, hasta los pájaros emigraron con la llegada de las primeras nieves, pero ella subsistió inexplicablemente. A la llegada de la primavera se asomaron las primeras golondrinas, algunos chorlos y unas inquietas ratoneras. Koonek les increpó la actitud por haberla dejado sola, sumida en el silencio, a los que las avecillas respondieron que ello se debía a que durante el invierno no tenían donde resguardarse del viento y del frío, además en el otoño el alimento les era escaso. Koonek, sin salir del toldo les respondió. –“Desde ahora en adelante podrán quedarse, tendrán abrigo y alimento”. Cuando abrieron el kau, la anciana hechicera ya no estaba, se había convertido en una hermosa mata espinosa de perjumadas flores amarillas que al promediar el verano ya eran moradas frutas de abundantes semillas. Los pájaros comieron sus frutos, también los Tsonekas y desparramaron las semillas de aike en aike. Ya nunca más se fueron las aves y las que se habían ido volvieron al enterarse. Por eso: “El que come calafates, vuelve”.-

Koonek : calafate Kau : Toldo, Casa Tsonekas: nombre verdadero de los llamados: Tehuelches, Aónikenk o chonkes Aike Joiuen: leyenda

Leyenda mitológica “Kospi”
del libro Joiuen Tsoneka de Mario Echeverría Baleta

Kospi era el nombre de una hermosa niña que vivía en el sur cuando las plantas no tenían flores. Muchos jóvenes cazadores recorrían largas distancias para admirarla y recibir el regalo de su sonrisa. Kospi empleaba el tiempo en las tareas propias de la mujer Tsoneka, coser quillangos, pintarlos, preparar pinturas, tejer mantas….. o peinarse los negros y lacios cabellos mirándose en el espejo del Lago. En esa estaba la tarde en que Karut (el trueno) el señor de la montaña la raptó escondiéndola en una profunda caverna del glaciar . En vano llamó, más nadie podía oírla. Tan grande era su pena que se convirtió en hielo y se confundió con los témpanos. Cuando Karut no pudo hallarla bramó una y otra vez, pero sus voces solo lograron despertar a la lluvia que acudió presurosa y manó abundante. Kospi convertida en agua, bajó por la plata de los chorrillos hasta hundirse en los valles. Con la llegada de la primavera trepó por los tallos de las plantas y se asomó convertida en flor para mirar desde allí y para siempre a la gente de su raza. Desde entonces en la lengua Tsoneka se le denomina Kospi a los pétalos de las flores.

Tsonekas: nombre verdadero de los llamados: Tehuelches, Aónikenk o Chonkes Joiuen: leyenda Kospi: pétalo Karut: trueno

La Creación de la Isla

El Dios había creado el agua, el sol, el viento, las nubes , los truenos y los relámpagos, pero todavía sentía que algo faltaba. Y entonces hizo elevar parte de la tierra que yacía bajo las inmensas profundidades del mar primigenio y construyó una isla, sobre la cual modeló monta;as y llanuras, separadas aentre ellas por praofundos valles y cañadas. Entonces sus hijos anteriores, admirados por la belleza de La Isla, comenzaron a derramar sobre ella todas sus dádivas: Xaleshem enviaba su luz y su calor, que entibiaba la tierra y las rocas; Teo , al rozar las altas montañas correteadas por Xóchem, derramaba sobre la tierra la lluvia que llevaba en su vientre, que luego se convertía en ríos y arroyos, que se apresuraban a volver al seno de su padre, Arrok, corriendo por los valles y los cañadones. Y la acción benefactora de todos ellos comenzó a rendir sus frutos: los ríos y arroyos formaron lagos, que se poblaron de peces; sus aguas regaron la madre tierra, donde pronto nacieron las primeras plantas; sus suculentas hojas se convirtieron en alimentos que dieron lugar a la aparición de los primeros animales terrestres; las plantas crecieron hasta transformarse en árboles y en sus ramas comenzaron a posarse y anidar las primeras aves. Pero los primeros hijos de Kóoch se sentían algoa celosos de la nueva creación, y en ocasiones Katrú desencadenaba sobre ella a Lüfke, que castigaba duramente los árboles y los habitantes de La Isla, o Teo enviaba demasiada lluvia y las aguas anegaban la tierra, matando a los animales y las plantas. Así que Kóoch decidió ponerse firma y reunió a sus primeros hijos y les habló con firmeza, y desde ese entonces el viento dejó de molestar a las nubes, éstas no descargaron más sus iras sobre La Isla, ni tampoco oscurecieron más el sol, que continuó brillando para abrigar y alimentar todo lo creado.

Leyenda “El Meteorito”
del libro Joiuen Tsoneka (leyendas tehuelches) de Mario Echeverría Baleta

Así como la cacique María ejerció el dominio de su tribu, también en épocas remotas, otra mujer de poderes sobrenaturales, era dueña y señora de cuánto existía sobre la tierra y vivía en una gruta, en armonía con todos los animales y su pequeño hijo, hasta que cierto día el zorro asustó a los animales provocando tal desorden que éstos se dispersaron. Tras ellos corrió la mujer tratando de reunirlos, en tanto su hijo para ayudarla se convirtió en un potrillo blanco y comenzó a devorar distancias hasta que cayó en la laguna Gootchel Aike donde murió ahogado. También ella convertida en yegua blanca corría desesperada tratando de reunir a los animales sin lograrlo. Al enterarse de la infausta noticia torna a la forma humana para llorar la prematura muerte de su hijo. Durante largo tiempo deambuló por pampas, valles y mesetas, tomando agua salada para apresurar su muerte. Por fin, tras un matorral de calafates, utilizando sus poderes mágicos se convirtió en una piedra metálica mientras entonaba la canción tribal que dice así : “Iámego táan póguening gue a” cuya traducción es ésta : “Hierro pesado de mi raza, de mi sangre”.-

Gootchel Aike: nombre de una planta no espinosa. Joiuen: Leyenda Tsoneka: nombre verdadero de los llamados : tehuelches, Aónikenk o Chonkes

”El Gualicho”
del libro Joiuen Tsoneka (leyendas tehuelches) de Mario Echeverría Baleta

El contacto con poblaciones Pampas y Mapuches introdujo éste nuevo espíritu del mal entre los Tehuelches. Cuando se realiza un Kaani, se hace un cerco en forma de corral con una entrada hacia el sur, pero al momento de iniciar la ceremonia se lo hace rotar hasta que la entrada quede en sentido opuesto, de ésta manera no entrará el gualicho a perjudicar la fiesta. Este espíritu es a veces manejado por los brujos provocando toda suerte de males, aunque también se lo puede utilizar para dominar los sentimientos de la mujer esquiva. Las heridas incurables y los males que pueden provocar la muerte, son provocados por el gualicho. Para ahuyentarlo, los brujos efectúan conjuros y si el paciente en su delirio nombra a la persona que cree lo ha engualichado, es muy posible que haya una venganza de muerte. También perdura en Santa Cruz la ancestral costumbre de correr el gualicho cuando se cree que algún mal acecha y si la corrida es para curar a un enfermo, previamente se pintan las manos del engualichado sobre el lomo de un caballo blanco. Para evitar ser engualichado hay que tener sumo cuidado al peinarse o cortarse las uñas, haciendo desaparecer los residuos, que podrían ser objeto de terribles males.

Kaani: fiesta con danzas y canto. Joiuen: Leyenda Tsoneka: nombre verdadero de los llamados : tehuelches, Aónikenk o Chonkes

3 comentarios

  1. Mabel Lang said,

    5 febrero 2012 a 1:46 PM

    LAS CREENCIAS, SIGUEN PERDURANDO, ESOS PENSAMIENTOS ANCESTRALES NUNCA DESAPARTECERAN.HAY COSAS QUENO VARIAN.

  2. 15 julio 2012 a 6:09 PM

    Recien encuentro este blog y para mi sorpresa con recopilación de escritos de mi amigo Mario Echeverría Baleta a quién creo el mayor conocedor del pueblo Tsoneka. Te felicito brujita por el camino emprendido.

  3. ANTO said,

    24 abril 2013 a 11:53 PM

    MUY BUENO


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